María Griñó: «Mis pinturas algún día abrirán el otro ojo»

María Griñó ha estado rodeada de pinturas desde pequeña gracias a la influencia de su padre, el pintor Traver Griñó. Se formó como diseñadora gráfica, disciplina que aplicó a la cerámica, un sector clave en la provincia de Castellón. Aunque sigue dedicándose al diseño gráfico en aquellos trabajos que le interesan, es la pintura lo que le apasiona. El salto definitivo a esta disciplina llegó más tarde, en 2005, y le ha valido numerosos premios dentro y fuera de la provincia de Castellón. Sus cuadros son demandados en países como Portugal o Alemania, pero ha llegado a exponer en Beijing. La pintora y ceramista, con más de 15 años de trayectoria, explica qué hay detrás de estas pinturas con un estilo tan representativo. Sus mujeres tienen formas redondeadas, cabezas muy grandes con bocas muy pequeñas. Decora sus pinturas con motivos florales y alegres, pero siempre tienen un elemento en común: un ojo cerrado.

Antes de la pintura, trabajó en el mundo de la cerámica. ¿Qué importancia tuvo para usted?

Pues, aparte de que esta labor era mi fuente de ingresos, era un trabajo que me gustaba y al que dediqué más de 20 años de mi vida y que ha acabado formando parte de mi trabajo. En mis obras se reflejen muchas de las características gráficas del diseño cerámico. He ido afinando mi estilo con los años, pero siempre he sido fiel a él.

También se dedica al diseño gráfico, ¿aquí deja a un lado su estilo tan característico?

El estilo va en función de lo que demanda el cliente. Si se me pide algo que no tiene nada que ver con lo que yo acostumbro a hacer, me acoplo y punto. Si por el contrario me deja libertad creativa, entonces intento que se reconozca mi autoría en ese trabajo. Sin embargo tengo la suerte de poder escoger estos proyectos y únicamente acepto si me gustan. La pintura es lo que realmente me apasiona y hace tiempo que decidí que era en lo que quería invertir mi tiempo y energía. Es aquí, en la pintura, donde invierto más tiempo en encontrar mi estilo propio.

¿Cómo llegó a la pintura?

Se podría decir que por casualidad. Desde que tenía 20 años, me había estado dedicando al diseño gráfico y cerámico, trabajando en diferentes empresas de la provincia. En 2008, fallece mi padre, el artista plástico Traver Griñó, y es ahí cuando siento la necesidad de seguir con la actividad artística a la que siempre se había dedicado él. Aunque en 2005 ya había empezado a formarme en la pintura y a aceptar encargos. Lo curioso es que, hasta ese momento, nunca había sentido que mi camino pasara por dedicarme a la pintura.

¿Qué es el arte para usted?

Para mí es el medio a través del cual disfruto expresando sentimientos, ideas, mensajes que quiero transmitir al espectador que se acerca a ver mis obras. Una necesidad, al fin y al cabo. Todos sentimos la necesidad de expresarnos y yo me sirvo de mi trabajo: el arte.

Las mujeres son el eje de su obra, especialmente sus cabezas. ¿Qué piensan? ¿Cómo son esas mujeres?

Son mujeres que piensan, sueñan, crean. Mujeres que valen por lo que tienen en su cabeza, en su interior, y no por su físico. De ahí que, para no entorpecer el mensaje que quiero hacer llegar, pinte sobre todo esas cabezas llenas de grafismos para simbolizar la actividad frenética de esos pensamientos. Además, intento que en mis obras predomine el color y la sensibilidad, dos cualidades que asocio con la mujer. Así que no, no son únicamente decorativas, tienen una historia detrás y creo que el público se identifica con ellas. Expresan muchas emociones.

A la vez, tienen la boca pequeña, ¿qué dirían si pudiesen hablar?

Pedirían, sobre todo, igualdad y respeto. Pinto bocas pequeñas. Bocas que aún tienen mucho que decir. Bocas que no dicen todo lo que quisieran. Aún quedan muchas mujeres que viven condicionadas por unas situaciones en las que más les vale mantener la boca cerrada. Mis mujeres son reflejo de una protesta hacía este tipo de situaciones.

¿Abrirán algún día el ojo que tienen cerrado?

No lo sé. Aún está por ver. El hecho de pintar un solo ojo y que, en el lugar del otro, haya algún elemento que proviene de su cabellera es una forma de reflejar los dos mundos que vive esta mujer. Por un lado, el que ella ve, al que podríamos llamar realidad. Por otro, el mundo que le gustaría ver y que imagina. De todos modos, estéticamente me gusta el resultado y personaliza mi obra, por lo que creo que mantendré esta tónica bastante tiempo.

En mi sillón rojo – María Griñó

Y las mujeres, ¿han abierto los ojos y la boca?

En ello estamos. Hemos avanzado mucho, pero aún nos queda. El día que ninguna mujer se manifieste por la igualdad porque no sea necesario. Cuando de verdad hayamos conseguido la plena igualdad. Ese día sí podremos decir que hemos abierto los ojos y la boca totalmente.

¿Se considera feminista?

Por supuesto. En mi caso, utilizo mi profesión para reivindicar el papel de la mujer en el arte. Intento que esta actitud esté en todos los aspectos de mi vida y no lo escondo. Son varias, también, las mujeres que me han influido de algún modo: Tamara de Lempika, Frida Kahlo, Aya Kato o Yayoi Kusama. Es importante nombrar a aquellas mujeres que son nuestros referentes para que no caigan en el olvido. Normalmente cuando se pregunta por referentes, solo surgen nombres de hombres.

¿Cómo es su proceso de trabajo y cuál es la mayor dificultad dentro de él?

Depende de si voy a crear algo nuevo, o va a ser un encargo. En el caso de algo nuevo, suelo bocetar aquello que voy pensando que me apetece plasmar y le voy dando forma hasta que veo que puede valerme. Después, lo dibujo sobre el soporte elegido y le doy color. Lo último, aplico la tinta negra para definir completamente lo que quiero. La parte en la que más me divierto es haciendo filigranas por las cabelleras.

La mayor dificultad es que se me quede la mente en blanco. No suele ser lo habitual porque mi cabeza siempre está pensando, al igual que las mujeres de mis obras. Pero hay momentos en que no sabes qué hacer, te asaltan dudas sobre si tu camino es el correcto y esto genera un parón creativo y productivo. A parte de esto, que no suele ser lo habitual, disfruto con lo que hago y me divierto mucho durante el proceso.

¿Y la mayor dificultad en su carrera?

La mayor dificultad es, una vez se te va reconociendo, mantenerte y mantener tu nivel. Nunca bajar el listón y siempre mejorar y hacer crecer tu trabajo. Se te exige más por ser mujer que a un hombre. Al menos ha sido mi percepción desde que me dedico a esto. Estas son las dificultades a las que hay que enfrentarse constantemente en esta carrera: exigencia y mantenerse.

Existe otra, la económica. El dinero hace que puedas moverte más y mover más tu trabajo, por lo que es más fácil visibilizarlo. Menos mal que el mundo digital ayuda bastante a sortear este tema.

A pesar de esto, ¿hace usted lo que quiere artísticamente hablando?

De momento, sí. Esto es lo que hace que ame mi trabajo. El día que no disfrute con mi arte, será el momento de cambiar o abandonar. De momento, las mujeres que pinto aún tienen mucho que decir, aunque tengan una boca muy pequeña. Ellas están clamando por la igualdad y la libertad.

Esta entrevista se realizó mediante un cuestionario enviado por correo electrónico a la pintora castellonense María Griñó.

María Griñó en su estudio

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