Tamara de Lempicka: la revolucionaria baronesa del pincel

Tamara de Lempicka nació en Polonia en 1889 en una familia acomodada. Desde muy joven le interesó la pintura, y gracias a la buena posición de su familia, pudo desarrollar su carrera artística. Durante su juventud se impregnó del cubismo que predominaba en la época, y del esplendor del cine. Pero como otros tantos nombres de creadoras, el de Tamara de Lempicka, también ha pasado desapercibido en la Historia del Arte. Sin embargo, pensar en art decó es pensar en esta mujer y en su potente estilo.

Conocida como “la baronesa del pincel”, esta dama de alta sociedad se inició en la pintura inspirada por otra mujer: la pintora que contrató su madre para que le hiciera su primer retrato. Tamara de Lempicka sintió desde ese momento tanto la inspiración, como el desafío de hacerlo mejor que aquella pintora; y lo consiguió. Se formó siendo discípula del pintor André Lothe, lo que le abrió le permitió exponer desde una edad muy temprana. Esta mujer destacó por su carrera artística en vida, vendiendo numerosos cuadros a personajes como Orson Wells o Greta Garbo, y exponiendo en las mejores salas de Europa y América. Tamara de Lempicka pintó a la aristocracia de París y a los grandes empresarios de Nueva York, para trasladarse posteriormente a Hollywood donde se convirtió en la pintora favorita de las estrellas de cine. También compartió tiempo en su estudio con nombres tan conocidos del art decó como Cassandre, Masses o Meyer. Eran tantos los encargos que tenía debido a su fama, que llegó a pintar hasta 12 horas al día sin descanso.

La mujer era un tema recurrente para ella y en su obra estacan los desnudos que pintó desde los inicios de su carrera. Hecho que le valió numerosas críticas desde la parte más puritana de la sociedad. Las mujeres que pintaba Lempicka eran solemnes, intrigantes, desafiantes y glamourosas, como lo era ella misma. En estos desnudos le influyó Boticelli, en la sinuosidad de sus cuerpos, y en el tratamiento de las telas siempre en movimiento, que se contraponen con la quietud de los cuerpos que representa. Las luces se oponen a las sombras, creando la mezcla perfecta para evocar dramatismo. Los colores de las obras son brillantes e intensos y las líneas finas y precisas. Sus pinturas también están muy marcadas por la estética de Hollywood de los años 40 y 50 debido a su relación con las actrices y actores más relevantes del momento.

Tamara de Lempicka rezumaba tanta modernidad para la época que su proceder sigue impregnando el imaginario de muchas otras artistas en la actualidad. Por ejemplo, con el famoso videoclip de Madonna de «Vogue« en el que aparecen varios de sus cuadros. Y también para María Grinó, que comentó la influencia que esta pintora ha tenido en su carrera, en la entrevista que concedió a esta publicación.

Mujer joven con guantes – Tamara de Lempicka

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